15 Abr El reto de atender los trastornos psicóticos incipientes
Por Sílvia Angurell, Psicóloga colegiada núm. 22931 y coordinadora del Programa de Atención Específica a los Trastornos Psicóticos Incipientes (PAE_TPI) en el SRC Burriac.
Los trastornos psicóticos tienen una gran relevancia social y de salud pública. Actualmente hay consenso internacional sobre la importancia de tratar, cuanto antes mejor, estos trastornos y con esto incidir sobre su evolución, buscando no solamente la respuesta al tratamiento farmacológico sino la recuperación funcional y la calidad de vida de las personas que los sufren.
La primera crisis
Generalmente los trastornos psicóticos se inician en un período de la vida donde se tienen que afrontar tareas y procesos madurativos decisivos en las distintas dimensiones de desarrollo: biológico, psicológico, social y vocacional (Kessler y cols, 2007). Es en este período donde los jóvenes se encuentran con una serie de tareas evolutivas básicas que les permitirán hacer la transición desde la adolescencia hasta los primeros años de la edad adulta. Son aspectos como la construcción de la identidad, la consolidación del grupo de iguales, el consumo de tóxicos como ritual de integración y de ocio, la autoafirmación respecto la familia de origen, la iniciación en el mundo laboral y/o la especialización en el ámbito académico y el desarrollo de la intimidad emocional y sexual.
El primer episodio psicótico, el ingreso psiquiátrico y el lento proceso de recuperación posterior, suponen una ruptura en esta transición, con el riesgo de situar los jóvenes en una posición de desventaja laboral, académico, social y de dependencia familiar.
Por este motivo, la aparición de un primer episodio psicótico es especialmente complicado y estresante, tanto por la persona que lo sufre como por su familia, y puede comprometer el potencial desarrollo del o la joven, que tiene que integrar la realidad de la psicosis en una identidad que todavía estaba en fase de construcción. Es muy difícil encajar una etiqueta tan cargada de connotaciones negativas a la imagen de uno/a mismo/a.
La familia a menudo desconoce la enfermedad, asociada normalmente a estereotipos poco favorables, y no tiene herramientas para gestionar esta nueva realidad. Aparecen muchas dudas sobre el camino a seguir y sobre el futuro de sus hijos y hijas, los sentimientos de culpa y el miedo a las recaídas, adoptando muchas veces una actitud de sobreprotección que resulta contraproducente.
La atención desde los SRC
Superada la fase aguda de la enfermedad y después de la estabilización de la crisis psicótica, el o la joven entra en lo que se conoce como fase de recuperación. Es en esta etapa cuando la vulnerabilidad y la probabilidad de recaída es más elevada (alrededor del 80%). Es aquí donde se hace esencial garantizar una atención que incluya como a elementos centrales factores psicológicos, sociales y comunitarios. El Servicio de Rehabilitación Comunitaria, como dispositivo inserido en la comunidad y de fácil accesibilidad, puede ofrecer una atención no estigmatizante y próxima que ayude a garantizar esta continuidad asistencial crucial para favorecer la recuperación de los y las jóvenes.
Pero no podemos menospreciar los datos: las tasas de recaída durante el primer año después de un episodio psicótico son del 60% entre los jóvenes que no toman tratamiento farmacológico y hasta un 40% tomando tratamiento. A menudo nos encontramos delante de chicos y chicas que han hecho muchos ingresos los dos últimos años, que no tienen conciencia de la enfermedad, es decir, niegan aquello que les pasa y abandonan el tratamiento farmacológico y el seguimiento en los dispositivos de salud mental, que continúan consumiendo tóxicos y, muchas veces, con una realidad compleja asociada a nivel psicosocial.
El énfasis del programa Trastornos Psicóticos Incipientes des del SRC se centra en el soporte a la recuperación funcional. En un primer momento, el trabajo fundamental con los y las jóvenes derivados al programa es consolidar el vínculo. Será a partir de aquí cuando se pueda empezar un trabajo terapéutico y de acompañamiento en su recorrido vital. Se trata de un trabajo de escucha y aceptación, mostrando comprensión hacia el sufrimiento derivado de los síntomas y evitando la confrontación con su mundo delirante. Muchos jóvenes llegan con las ideas poco claras, no entienden qué les ha pasado ni porqué no saben qué quieren ni pueden hacer con su vida. Podemos darnos por satisfechos/as si acceden a ser acompañados/as por el equipo profesional en todo este recorrido tan personal y lleno de decisiones difíciles.
Es conveniente, y también complejo, que entiendan la necesidad de un soporte psicoterapéutico en todo este proceso, que puede ser individual y/o colectivo. Con los o las iguales, uno puede explorar su visión de las cosas y contrastarla con la realidad de las otras personas; compartir experiencias diversas y comunes disminuye el aislamiento de uno mismo y combate el autoestigma. Sería bueno llegar a la consolidación de un grupo donde los jóvenes más veteranos actuase como «modelos» para los incorporados recientemente para trabajar una primitiva consciencia de la enfermedad, la necesidad de hacer cambios para encontrarse mejor y la adherencia necesaria para el seguimiento posterior. .
Somos conscientes que se trata de un camino lento y lleno de dificultades pero, a la vez, motivador si tenemos en cuenta que estos jóvenes tienen por delante todo un futuro lleno de oportunidades que resolver de manera satisfactoria.

